LA “ENFERMEDAD” MENTAL

Durante el último siglo, los desequilibrios psicológicos han sido considerados por nuestra sociedad como desbalances químicos que se resuelven con medicamentos psiquiátricos, encierros supervisados y psicoterapia. Se consideran enfermas a las personas con desequilibrios psicológicos que no son del todo funcionales en la sociedad. Se tratan a la mente y a la química cerebral, sin considerar su relación con los otros sistemas del cuerpo. En cierto punto histórico, dejamos de notar que el resto del cuerpo estaba involucrado. Y comenzamos a tratar a las personas con estas características como marginados, discapacitados y a mirarlos con condescendencia social. Pero esto no fue siempre así.

¿Cuándo se separó al cuerpo en sistemas?

Los doctores del s. 18 y 19 veían la relación entre todos los sistemas del cuerpo. A finales del s. 19, la medicina se volvió más especializada y se fueron separando los sistemas. Perdieron de vista que el origen de la enfermedad podría estar lejos del lugar donde se manifiesta el síntoma. Cada vez más, los especialistas de cada rama se volvieron más competitivos y territoriales, logrando la falta de colaboración generalizada en la medicina actual. Y respecto a los desequilibrios psiquiátricos, se considera que es una patología del cerebro y su química, sin tomar en cuenta su interdependencia con todo lo demás.

¿Qué es un desequilibrio mental?

Esta es una pregunta con muchas respuestas, dependiendo del ángulo desde el que se mire. Desde la perspectiva integral y somática, que es la que nos interesa, generalmente está involucrada la desregularización del sistema nervioso, ya sea por factores de trauma infantil, pre infantil o transgeneracional, o por factures nutricionales o ambientales, que terminan siendo un tipo de trauma para nuestro sistema nervioso.

 

¿Quién metaboliza los químicos de nuestro cuerpo que nos mantienen en equilibrio?

Principalmente nuestro tubo digestivo y las glándulas orquestadas por éste y por el sistema nervioso. Por ejemplo, el 90% de la serotonina es generada por el sistema nervioso entérico, que es nuestro tubo digestivo con sus células nerviosas, en relación directa con los demás órganos a través del sistema nervioso. La falta de  serotonina está involucrada en estados depresivos, ansiosos y de estrés post traumático, y su producción, absorción y aprovechamiento dependen del equilibrio de otros sistemas. Las bacterias que viven en nuestro tubo digestivo son responsables de producir y metabolizar neurotransmisores relacionados con nuestro equilibrio hormonal, por lo tanto mental y emocional.

 

¿Qué es el sistema nervioso entérico y cuál es su función?

A la red de neuronas intrínsecamente tejidas alrededor del tubo digestivo, en particular de los intestinos, se les conoce como el sistema nervioso entérico, ya que se considera relativamente independiente del S.N.C. porque produce sus propios neurotransmisores, tiene sus propias rutas de información, envía más información del tubo digestivo al cerebro que del cerebro a éste y tiene una profunda relación interdependiente con la microbiota y el sistema inmune. Tiene múltiples funciones que van más allá del proceso de digestión y asimilación de alimentos, y la mayoría se han ido descubriendo recientemente.

Juega un papel crucial en recibir señales del sistema nervioso social, que luego interpreta como sensaciones relacionadas a la seguridad o al peligo, y las regresa al cerebro, para que ahí se interpreten y se envíen las señales al sistema endócrino para huír o pelear, por ejemplo, en caso de que haya peligro. Esto quiere decir que es uno de los sistemas más importantes relacionados a nuestros estados emocionales y fisiológicos.

El sistema nervioso entérico también recibe señales químicas de la microbiota para desencadenar otras reacciones o funciones del metabolismo.

Si la percepción sutil de peligro es constante, aún proviniendo de la mente y no de situaciones reales en el presente, el s.n.e. permanecerá en alerta, desencadenando respuestas inflamatorias del sistema inmune y de estrés fisiológico en todo el cuerpo. Es así cómo en ocasiones, los desequilibrios digestivos persisten aunque nos alimentemos bien.

En conclusión, es necesaria la alimentación justa para que el tubo digestivo se encuentre en un estado capaz de reposar y activarse cuando se requiera, pero si no hay un equilibrio en los estímulos y reacciones del sistema nervioso entérico, la alimentación no será suficiente.